24 de noviembre de 2014

Manos latinas cuidan del pavo

Durante todo el año, desde las 7 de la mañana el mexicano Roberto Domínguez se prepara para recibir a la clientela en el vivero LaPera, en Brooklyn. Pero estos días la cercanía del Día de Acción de Gracias ha disparado la actividad en este negocio dedicado a la venta de aves.

Durante los cuatro días previos a la tradicional celebración familiar, LaPera vende de entre 700 a 800 pavos, comparado con los 15 a 20 pavos que vende durante una semana regular.
"Para mí es un honor poder contribuir con el cuidado de los pavos durante los últimos días luego que son traídos a este lugar, más aun sabiendo lo que significa el Día de Acción de Gracias", dijo Domínguez (34) lleno de orgullo, mientras agarra y pesa una de las aves elegidas por un cliente.
La labor del originario de Puebla, quien trabaja en el lugar desde hace 20 años, incluye alimentar y cuidar a los aproximadamente 400 pavos que llegaron desde granjas de Pensilvania.
María Montenegro, una clienta mexicana asidua de LaPera, dice que le gusta celebrar el Día de Acción de Gracias comiendo pavo, y prefiere los que venden en los viveros a los que se ofrecen congelados en los supermercados.
"Son más caros los que se compran vivos, pero la diferencia sí se nota a la hora de probarlos", afirmó Montenegro (42), madre de tres y que pagó por un pavo de 15 libras $37.50. En el supermercado, el ave congelada, le hubiera costado no más de $20.
Como Montenegro, es mucha la clientela hispana que prefiere ir a los aproximadamente 80 viveros que funcionan alrededor de la ciudad a comprar las aves frescas.
LaPera, ubicado en la sección de Borough Park, está dotado de dos corrales, cada uno con alrededor de 200 pavos, donde durante sus últimos días los alimentan con grano y agua y en apariencia descansan, aunque se alborotan cada vez que alguien se aproxima, y empiezan a gorgoritear.
El poblano Mauro Velázquez (34) es otro de los cinco trabajadores mexicanos que laboran desde hace 14 años en el lugar. El encargado de limpiar el corral califica su trabajo como "cualquier otro", con la única diferencia que para los días previos a Thanksgiving "se siente bien, porque la gente viene con espíritu festivo".
La ruta de los pavos se inicia en el vecino estado de Pensilvania, específicamente en Lancaster, una ciudad ubicada a unas 160 millas al sudoeste de Manhattan, que se caracteriza por su actividad agrícola ganadera y donde existen varias granjas dedicadas a la crianza de estas aves.
Las manos de los trabajadores hispanos son muy importantes en el área avícola y por esta época de los pavos en particular, no solo en su crianza sino en su cuidado cuando son traídos a los viveros, aseguró Carlo Formisano, administrador de LaPera que lleva en el negocio más de 25 años.

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